El frío invierno parece que llega a su fin… Y aunque a nosotros nos cueste salir de debajo del edredón, el efecto del frío en las frutas y verduras de temporada ¡puede ser muy positivo!
Ojo, no hablamos de cuando están madurando al sol —ahí necesitan calorcito, como todos—, sino del momento óptimo de consumo.
¿Y quién nos cuenta esto? Este blog ha sido cocinado (o mejor dicho, congelado 😜) con los conocimientos de la nutricionista Blanca Recio, @nutriblanch.
Desde antaño existe un método de conservación a largo plazo: LA CONGELACIÓN.
Aunque nuestros antepasados no tenían congeladores con dispensador de cubitos, siempre buscaron el frío para bajar la actividad del agua y frenar las reacciones químicas que estropean la comida. Básicamente, congelar es detener el tiempo. Es como el bótox de las verduras, pero natural y sin agujas.🤭
❄️🫑¿La congelación de las verduras elimina los nutrientes?
La pregunta del millón: ¿Si meto mis verduras al congelador, se mueren sus propiedades? La respuesta es tajante: NO. Que no cunda el pánico. De hecho, el congelado es el guardaespaldas de tus alimentos
Pero analicemos por partes el efecto que tiene en algunos de los nutrientes:
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Vitamina C: Es la "chivata", porque si falta, nos indica que se han perdido otros nutrientes. Es especialmente sensible al calor y la luz, pero... ¡adora el frío! De hecho, cuando una fruta o verdura se congela en su punto óptimo de maduración, su contenido de vitamina C se mantiene prácticamente estable durante largos periodos de tiempo.
💡Curiosidad: Un pimiento congelado puede tener más vitamina C que uno "fresco" de supermercado, ya que suele pasar varios días en transporte, almacenaje y exposición ambiental antes de ser consumido. Con la congelación, conservamos mejor la calidad nutricional y sensorial del alimento
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Vitaminas del grupo B: Presentes en las verduras de hoja verde (lechugas, coles, espinacas) que te llegan en tu caja de TALKUAL. Aunque son sensibles, si congelas rápido tras la cosecha, apenas se pierden. Así que no te preocupes si tienes demasiadas espinacas; al congelador y listo.
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Vitamina A y carotenoides: Esos que le dan color a zanahorias, calabazas, boniatos, espinacas y nabo . Son unos supervivientes natos: se mantienen estables en frío porque se frena la degradación por luz y oxígeno. Tu cuerpo los aprovechará igual de bien.
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Minerales: El calcio, potasio, magnesio o hierro son duros de roer. El frío no les hace ni cosquillas. Sus estructuras no cambian, así que siguen ahí esperándote.
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Fibra: Tu aliada para ir al baño y controlar el azúcar. La fibra es todoterreno y no cambia al congelarse. Sigue funcionando igual de bien (ya nos entiendes).
Fresco vs. Congelado ¿qué es mejor?
Existe la creencia de que lo “fresco” siempre es superior a lo congelado. Sin embargo, esto no siempre es cierto. A ver, una fruta recién arrancada del árbol es el Santo Grial, claro, pero ese valor empieza a disminuir con el paso de las horas y los días, incluso aunque se conserve en refrigeración.
Muchas veces, lo que ves "fresco" y brillante en la tienda es puro postureo: lleva días dando vueltas. El congelado nos permite:
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Detener prácticamente el envejecimiento del alimento (¡quién pudiera!).
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Mantener textura, sabor y color durante más tiempo.
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Reducir el desperdicio alimentario (aquí no se tira nada, sea guapo o feo).
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Comer productos de temporada cuando te dé la gana sin perder calidad.
Si congelas tus productos de temporada en su mejor momento, estás "capturando" su mejor versión.
5 Mandamientos para congelar en casa (y no liarla)
Para obtener el máximo beneficio de la congelación en casa, conviene tener en cuenta algunas recomendaciones básicas:
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El momento justo: Congela cuando el alimento esté fresco. No esperes a que la verdura esté pidiendo la extremaunción para meterla al frío.
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Chapa y pintura: Lava, seca y corta adecuadamente antes de congelar. Te lo agradecerás a ti mismo cuando vayas a cocinar con prisa.
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El envase importa: Usa tuppers herméticos o bolsas de congelación. Si no, se quemarán con el frío (sí, el frío también quema).❄️
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Ponle nombre: Etiqueta con la fecha. No querrás jugar a "adivina qué es este bloque de hielo" dentro de tres meses.
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No marees la comida: Evita descongelar y volver a congelar. Eso es un "no" rotundo. Rompes la textura y puedes tener problemas de seguridad alimentaria.
En definitiva, el congelador no es solo un electrodoméstico, es tu aliado estratégico para comer sano, luchar contra el desperdicio y respetar los ciclos naturales.
Apostar por frutas y verduras de temporada (aunque tengan formas raras) y conservarlas bien es apostar por salud, sostenibilidad y mucho sentido común. ¡Larga vida al congelador!🧊
Y hablando de sentido común: si quieres más tips sobre alimentación real y sin mitos, no dejes de seguir a nuestra nutri de confianza en su Instagram @nutriblanch.
